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Burgos de la A a la Z

Poesía infantil

Burgos de la A a la Z

Reseñas

Se puede soñar una ciudad: cerrando fuerte los ojos, apretando bien los puños, sacando un poco la lengua, recitando abracadabra. Como una niña traviesa una tarde de domingo, María Jesús ha hecho magia tomando el abecedario –las palabras bien sujetas, no se vayan a escapar-, ha agitado su chistera y, jugando a imaginar con alborozo infantil, ha inventado esta ciudad. Que no es otra que la nuestra. Aquí está: resucitada, arrancada de la niebla, hecha un primor –un clamor- de tanto como nos da, de lo poco que nos quita. Y han brotado las palabras que la nombran y definen. Tienen color, se mastican, huelen a pan y a jazmín, bajan de la noche al río con un rumor de campanas, con una diástole de frío, con la nieve y las heladas, con un ángel de amarillo que viene batiendo alas. Hay, de la A a la Z, mariposas y guirnaldas, caballeros medievales, hermosas y dulces damas, chapiteles imposibles que suben al cielo y cantan. ¡Oh, prodigio! ¡Oh, sortilegio!

Rodrigo Pérez Barredo